sábado, febrero 25, 2006

PREVENSION: ALZHEIMER

Los ácidos grasos Omega 3 protegen contra el mal de Alzheimer.
El mal de Alzheimer es una enfermedad que afecta y termina por destruir las capacidades cognitivas (demencia) de todas las personas afectadas.
En los Estados Unidos es la tercera causa de muerte luego del cáncer y las enfermedades coronarias, y en la argentina se estima que hay unas 500.000 mil personas afectadas.

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¿Qué es el Alzheimer? Es una enfermedad degenerativa del cerebro para la cuál no existe recuperación.

Lentamente, la enfermedad ataca las células nerviosas de toda la corteza cerebral, así como algunas estructuras circundantes, deteriorando las capacidades de gobernar las emociones, reconocer errores y patrones, coordinar el movimiento y recordar. En su estadio final, el mal produce la pérdida total de la memoria y del funcionamiento mental.

Científicos de EEUU, encabezados por el profesor David Cole de la Universidad de California, acaban de descubrir que el ácido graso “omega 3” denominado docosahexanoico (DHA) reduce la acción del gen productor de esta enfermedad.

El organismo humano es incapaz de producir ese ácido graso, por lo que el mismo debe ser incorporado a través de la dieta, encontrándoselo en alimentos como los pescados azules de aguas profundas (atún, salmón, anchoa, caballa, sardina, arenque) además de en vegetales como la soja y el lino.

Una dieta rica en estas sustancias, es algo que cualquier persona podría adoptar, a fin de ayudar a controlar fácilmente, el riesgo de sufrir una enfermedad tan invalidante.

Para realizar este estudio Cole y sus colaboradores utilizaron ratones criados con mutaciones genéticas, que les causaban lesiones parecidas al de un cerebro humano con alzheimer avanzado.

Cuando estos animales desarrollaron estas lesiones típicas de la enfermedad, sin mostrar fallas en la memoria, los científicos analizaron que sus dietas eran ricas en ácidos DHA.

Luego, los científicos realizaron una contraprueba con otro grupo de ratones a los cuales les dieron una dieta sin omega tres y comprobaron que éstos mostraban tanto el daño cerebral, como los síntomas característicos de la enfermedad.

La conclusión a la que arribaron los científicos, fue que los ratones portadores del gen del alzheimer que siguieron una dieta rica en DHA obtenían resultados mejores a nivel de sus funciones cognitivas, sobre todo en pruebas de memoria.

Entre otras funciones, el Omega-3 se destaca por intervenir en la formación de las membranas de las células. Conforma la mayor parte de los tejidos cerebrales, dado que las células nerviosas son ricas en ácidos grasos Omega-3. Éstos ácidos se convierten en prostglandinas, sustancias que juegan un papel importante en la regulación de los sistemas cardiovascular, inmunológico, digestivo, reproductivo y que tienen efectos antinflamatorios.

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sábado, febrero 11, 2006

CHICOS CON SOBREPESO

Uno de cada cuatro chicos argentinos mayores de 10 años tiene sobrepeso.

Muchos podrían llegar a sufrir bulimia o anorexia. Del estudio participaron 1.231 mujeres y 740 varones de todo el país atendidos en consultorios.

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09.02.2006 Clarín.com Sociedad

Es un estado de perpetuo autoescrutinio, autorreproche y autodesaprobación, y, por lo tanto, de ansiedad constante”. Así sintetiza el sociólogo polaco Zygmunt Bauman los efectos que las presiones del mundo contemporáneo ejercen sobre quienes entran en el juego de la sociedad de consumo y en la desenfrenada “búsqueda por estar en forma”. Un estado que la psicología denomina “trastorno alimentario (TA)” y que algunos chicos con sobrepeso u obesidad de nuestro país tienden a reproducir con el paso del tiempo (generalmente las mujeres). Un verdadero problema por cuanto hoy en Argentina el 26,4% de los niños y adolescentes que concurre al consultorio del pediatra sufre de sobrepeso y de obesidad, según un estudio publicado en agosto de 2005 en la revista científica Archivos Argentinos de Pediatría. La investigación contó con el apoyo de la Sociedad Argentina de Pediatría y fue dirigida por las médicas pediatras Luisa Bay e Irina Kovalskys; la doctora en psicología Cecile Herscovici y el médico Enrique Berner.

La recolección de los datos se hizo entre 1998 y 2001 con la participación de 1.231 mujeres y 740 varones de todo el país. Entre ellos, el 12,9% tenía sobrepeso y el 13,5% obesidad. El estudio se basó en un cuestionario a chicos mayores de 10 años para pesquisar trastornos alimentarios (TA); aquellos pacientes sospechosos de padecer un TA participaron de una entrevista a cargo de su pediatra en consultorios privados y de hospitales. A esa entrevista sólo asistió el 42% de los sospechosos de TA. “Habíamos ido a buscar cuánto de trastorno alimentario hay entre los niños y los adolescentes. Por esa razón el dato de obesidad (un porcentaje alto aunque similar al de otros países de Latinoamérica y al de Estados Unidos) nos sorprendió. No obstante, como el exceso de peso, en particular a las mujeres, las predispone a los trastornos alimentarios, la cifra nos advirtió sobre la importancia de prevenir el sobrepeso y de fomentar la conducta alimentaria saludable desde temprana edad”, enfatizó la doctora Luisa Bay del Servicio de Nutrición del Hospital Prof. Doctor Juan P. Garrahan.

Pese a todo, el estudio reveló entre los 1.971 casos estudiados que el 6,95% de los chicos padecían un trastorno alimentario. Según la doctora en psicología, Cecile Herscovici, “quienes padecen un desorden alimentario se autoevalúan de modo muy crítico y están muy disconformes consigo mismas, en lo personal y con su aspecto físico. Esta misma insatisfacción se traslada a la conducta alimentaria”.

El análisis individual de las respuestas del primer cuestionario también indicó que el 25,7% de los encuestados deseaba tener “la panza chata” (el 81% de ellos eran mujeres). Además, el 13,3% dijo que temía subir de peso (el 86% eran mujeres). A su vez, el 15,3% aceptó haberse sentido gordo alguna vez (82% mujeres) y el 17,9% manifestó ganas de perder peso.

Las cifras generales que resultan de este estudio, alarmantes por cuanto el hilo que une la obesidad con un potencial trastorno alimentario es muy fino, al parecer podría estar relacionado con un proceso de transición nutricional que atraviesa a América latina. “Las condiciones de vida producidas por la modernización generaron un aumento de la disponibilidad de energía y un dramático descenso de la actividad física en todas las edades. En este proceso de transformación socioeconómica los sectores más humildes son los más desprotegidos y expuestos a la obesidad y a los males crónicos no transmisibles”, dijo la doctora Irina Kovalskys del Servicio de Adolescencia del Hospital Argerich.

En la publicación también se mencionan la coexistencia de la desnutrición y la obesidad en los países en desarrollo. Al respecto Bay nombra algunos factores que favorecen el sobrepeso. El costo alto que las verduras y frutas significan para la la gente de bajos recursos. La ingesta de grasas diaria creció en los últimos 25 años y la industria alimentaria ofrece alimentos ricos en calorías, baratos, “pero deficientes en otros nutrientes”. Ante la gravedad que suponen los trastornos alimentarios, —que padecen más las mujeres con obesidad o sobrepeso—, el lugar que ocupa la delgadez en la escala de valores argentinos es peligroso.

Cómo se mide la obesidad

El sobrepeso y la obesidad son el exceso de tejido graso, sólo que en la obesidad el exceso es más acentuado. La medición de ambos está correlacionado con el Indice de Masa Corporal (IMC), que surge de dividir el peso por la estatura al cuadrado. Para los adultos hay valores absolutos de IMC, pero para los chicos estos son menores. En ellos el índice de sobrepeso y el de obesidad varía según sexo y edad porque el IMC normal sube a medida que crecen. Así, el IMC normal de una nena de 10 años es 16,5. Si da 19 tiene sobrepeso y 21, obesidad. El normal de una chica de 15 ronda 20,5. Con 24 hay sobrepeso y con 26, obesidad.

Pilar Ferreyra.
pferreyra@clarin.com

Fuente: Diario Clarin
http://www.clarin.com/diario/2006/02/09/sociedad/s-03401.htm

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sábado, enero 14, 2006

¿COMEMOS POR ESTRES?

El estrés y la conducta alimentaria
Imagínese que está preparándose para un importante discurso en público, ¿le da por lanzarse a la caja de las galletas o se le quita el hambre por completo? El estrés afecta a la conducta alimentaria de las personas de forma diferente.

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Fuente: Food Today

Experimentamos estrés cuando ocurre algo en nuestro interior o a nuestro alrededor que altera nuestro equilibrio. Entonces utilizamos tácticas para combatir el agente estresante y regresar a nuestro estado normal. El estrés puede ser interno, como al preocuparse por algo o disgustarse, o externo, como el causado por un examen o determinadas situaciones sociales. Ya que el estrés forma parte de nuestra vida diaria, nuestro modo de alimentarnos bajo sus efectos puede afectar a nuestra alimentación y salud en general.

Pelear o escapar
Ante una amenaza, se desencadena automáticamente en el organismo una respuesta de “lucha o huída”. La descarga de adrenalina lleva sangre al cerebro, al corazón y a los músculos, lejos del sistema digestivo, para preparar nuestro cuerpo a escapar o pelear. Se cree que experimentamos este tipo de reacción incluso si la amenaza o agente estresante es psicológico o emocional, en lugar de físico. Este estado de alerta debería hacernos incapaces de comer e incluso provocarnos náuseas. Sin embargo, se ha descubierto que a algunas personas el estrés las incita a comer más. ¿Cómo se explica este fenómeno?

Las personas que están a régimen suelen comer más en situaciones de estrés
Hoy en día mucha gente está a dieta para adelgazar o “vigilar su peso”. Generalmente esto implica controlar el tipo y la cantidad de alimentos que se consumen. Estas personas además hacen caso omiso de las señales que les indican que tienen hambre para comer menos de lo que les gustaría. En otras palabras, restringen su alimentación. Las personas que comen en función de su apetito, no se imponen límites. Las investigaciones han demostrado en repetidas ocasiones que quienes limitan su alimentación tienden a comer más en respuesta al estrés, mientras que quienes no lo hacen suelen comer menos.

El estrés puede llevar a que quienes restringen su alimentación coman en exceso
El Dr. Paul Lattimore, experto en conducta alimentaria de la Universidad John Moores de Liverpool explica por qué las personas que están a régimen comen más en situaciones de estrés. “Estas personas dedican tanta energía a controlar sus señales biológicas que les quedan pocos recursos para enfrentarse a los problemas cotidianos. Por eso, cuando se estresan, pierden el control y si tienen comida a mano, la consumen. Además, están tan acostumbrados a no hacer caso a su cuerpo que ignoran o malinterpretan las señales relacionadas con la lucha o la huída”.

Estrategias para enfrentarse al estrés
En un estudio a gran escala realizado recientemente en Finlandia, se halló que el índice de masa corporal (relación entre el peso y la altura de las personas) es mayor en quienes comen en situaciones de estrés y que estas personas tienden a comer más alimentos como salchichas, hamburguesas, chocolate y pizza, si las comparamos con las demás personas. Al comer como respuesta al estrés, los intentos de controlar el peso de estas personas se ven abocados al fracaso; entonces, ¿qué solución se les puede ofrecer? El Dr. Lattimore, basándose en su experiencia en la prevención de la obesidad, ofrece algunos consejos. “En primer lugar, la persona debe saber qué tipo de situaciones la incitan a comer en exceso y a continuación debe idear formas alternativas de enfrentarse al estrés. Una solución ideal sería ir a dar un paseo, para cambiarnos las ideas y que además quema calorías.”

Resumen
Las personas que comen cuando tienen hambre y dejan de comer cuando están saciadas están en sintonía con las señales biológicas de su organismo. En situaciones de estrés, estas personas no sienten hambre. Aquellas personas que ignoran sus señales biológicas deben ser conscientes de los factores emocionales y psicológicos que les llevan a visitar la nevera y deben poner en práctica tácticas para evitarlo. La respuesta al estrés muestra la importancia de utilizar enfoques para el control del peso que reduzcan la restricción alimentaria y de privilegiar el consumo de fruta y verdura (bajo contenido en calorías y muy nutritivos). Además estos alimentos diluyen la carga calórica ingerida durante los atracones.

Referencias
1. Greeno CG &Wing RR (1994) Stress-induced eating. Psychological Bulletin 115: 444-464.
2. Lattimore P & Caswell N (2004) Differential effects of active and passive stress on food intake in restrained and unrestrained eaters. Appetite 42: 167-173.
3. Polivy J and Herman CP (1999) Distress and dieting: why do dieters overeat? International Journal of Eating Disorder 25: 153-164.
4. Laitinen J & Sovio U (2002) Stress-related eating and drinking behaviour and body mass index and predictors of this behaviour. Preventive Medicine 34: 29-39.

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sábado, enero 07, 2006

BUENOS AIRES, CONSUME LIGHT

Buenos Aires, la ciudad con mayor consumo light
Por Fabiola Czubaj - De la Redacción de LA NACION

Mientras que en las principales ciudades de América latina cuatro de cada diez familias optan por los alimentos en sus versiones reducidas en calorías para combatir los kilos de más, en Buenos Aires esa tendencia supera lo imaginado.

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Ocurre que aquí los productos light se consumen en seis de cada diez hogares, para cuidar la salud en general (48%) o para bajar de peso (39%). De este modo, los porteños se ubican en el primer puesto regional de preferencia por ese tipo de alimentos, según una encuesta de la consultora LatinPanel realizada en 9000 hogares de 16 ciudades latinoamericanas.

“La publicidad tiene mucho que ver con esta tendencia light, que no es tan saludable. En las grandes ciudades, la población no tiene una alimentación sana por la cantidad de mensajes que recibe sobre un cuerpo supuestamente ideal. Entonces, consumen productos dietéticos cuando en realidad no los necesitan. Es decir, usan alimentos light «por las dudas» y no saben que con una alimentación bien equilibrada sería suficiente para cuidar la salud. En realidad, la diferencia que se logra con el consumo de estos productos es mínima”, aseguró la licenciada Cynthia Musso, jefa del Departamento de Alimentación y Dietética del Hospital de Clínicas.

Y es que, según la encuesta, esa elevada fascinación porteña por los alimentos con bajo contenido calórico es resultado sólo de la costumbre en un 8% de los hogares. “Hay personas que tienen un índice de masa corporal normal y también consumen estos productos porque sí, cuando podrían cumplir con una alimentación variada”, agregó Musso.

Para la licenciada Viviana Viviant, de la Asociación Argentina de Dietistas y Nutricionistas Dietistas (Aaydin), el consumo de productos light en Buenos Aires también es alto. Sin embargo, opinó que todo depende de que la incorporación de “lo diet” no elimine de la mesa del hogar aquellos nutrientes que son indispensables para el buen funcionamiento del organismo… En especial, en los chicos.

“No es malo que a partir de los 3 o 4 años de edad se empiece a consumir lácteos descremados o productos bajos en grasa, azúcar o sal, porque es una forma de empezar a prevenir enfermedades. Menos aún si tienen una historia familiar de obesidad, diabetes, hipertensión o enfermedad cardiovascular. El problema aparece cuando a los chicos se les dan productos que los privan de algún nutriente necesario para el desarrollo. Lo importante es que los alimentos dietéticos no sean la base de su alimentación”, señaló Viviant.

Menos grasa, azúcar o sal

En general, los productos que con envoltorio color verde o con las palabras “light” o “diet” junto a su nombre tientan desde la góndola del supermercado o en el estante del almacén, tienen menor cantidad de grasa, de azúcar o de sal en su composición que sus versiones originales.

“El objetivo fundamental de estos productos es la persona con problemas de peso, con diabetes o hipertensa -puntualizó Viviant-. Lo que muchas veces la gente no sabe es que el concepto «dietético» no siempre tiene que ver con las calorías.”

Entre los ejemplos están la leche sin lactosa para las personas que sufren intolerancia al azúcar láctea o los productos sin trigo, avena, cebada y centeno (TACC), que son tóxicos para los celíacos. Sin embargo, esta eliminación, reducción o reemplazo de alguno de sus componentes no necesariamente implica una disminución de las calorías que aporta su consumo.

“Un gran porcentaje en un plan para perder peso pasa por reducir la cantidad de los alimentos que se ingieren -sostuvo la licenciada Musso-. Un gramo de grasa aporta 9 calorías y 1 gramo de hidratos de carbono, 4 calorías. Por lo tanto, con sólo reducir la cantidad de grasa de un alimento ya pasa a ser hipocalórico y esto confunde a la gente.”

Para aquellas personas que cumplen con un plan de descenso de peso, hay productos dietéticos que se pueden consumir con mayor libertad que otros, según la cantidad recomendada por un especialista en nutrición. En general, son los alimentos líquidos, como los caldos o las sopas, la gelatina o las bebidas a base de hierba.

Sólidos, con límite

En cambio, los alimentos sólidos exigen más atención a la hora de limitar las porciones. “En el caso de los quesos con bajo tenor graso, por ejemplo, el tipo cuartirolo aporta un 3% de grasa contra el 30% del queso fresco común -indicó Viviant-. Pero, si una persona come más de la porción permitida, reduce todo beneficio.”

Lo mismo ocurre con el resto de los alimentos reducidos en calorías y en contenido graso, como los embutidos, las milanesas de soja o los cada vez más variados postres para saciar la ansiedad por algo dulce a media mañana o tarde. “Cada pote de esos postrecitos tiene unas 100 calorías -agregó la nutricionista-. Se pueden consumir, pero sin vía libre porque se estarían reemplazando nutrientes que se podrían ingerir con otros alimentos.”

En general, ambas nutricionistas coincidieron en mantener una alimentación con abundantes verduras, frutas naturales y lácteos, que en su versión descremada también aportan calcio y vitaminas. Los chicos, en tanto, deben comer alimentos variados, ya que cada uno aporta diferentes nutrientes y todos son necesarios para un desarrollo sano.

Fuente: Diario La Nación
http://www.lanacion.com.ar/769602

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viernes, diciembre 30, 2005

MANTENER EL PESO IDEAL

• Para todo el mundo, mantener un peso ideal es dificultoso
• Es importante saber cual es el peso ideal para cada uno
• Consejos para ayudar a mantenerlo
• Conducta alimentaria y peso ideal
• Perspectivas de nuevos tratamientos para este tema.

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El ideal de belleza ha existido en todos los tiempos, aunque ha ido variando con el pasar de los años. Es importante recalcar que en la sociedad moderna este ideal tiende hacia la delgadez y los rasgos afinados. Por esta razón es que existe mucho prejuicio con las personas que se alejan de este “ideal”, y esto lleva a darle una importancia tan grande al tema de las dietas.

Es realmente dificultoso para cualquier persona lograr completar una dieta rigurosa, tanto esta sea controlada por un nutricionista o una dieta “mágica” (ver “Mitos y Verdades acerca de las Dietas”), pero tan importante y difícil es mantener el peso al que se ha descendido. Generalmente se puede notar que una vez alcanzado cierto peso en un plan nutricional, si es que no se hace una manuntención de una correcta alimentación dada par la educación que proporciona un buen nutricionista, el peso no se mantiene, y tiende a aumentar. Este es un problema que nos saca el sueño, y que luego del penoso esfuerzo, los kilos perdidos se vuelven a ganar. Hace ya unos años se viene estudiando el problema y nuevas estrategias más o menos efectivas se han desarrollado. Una de las principales es la educación. Un profesional idóneo tiende a concientizar al paciente del hecho de que se deben respetar las cuatro comidas y las dos colaciones, con una ingesta calórica adecuada al peso, la altura y la edad.

Sin embargo, como ocurre muchas veces, la industria farmacéutica se ha metido en el tema, por un interés netamente comercial, y ha buscado los mecanismos fisiológicos y patológicos por los cuales se regula la cantidad de grasa (lípidos) en el organismo. Esto ha redundado en los últimos años en una serie de conocimientos muy acertados que permitieron descubrir una hormona, la leptina, que se encuentra íntimamente implicada en la señalización o transmisión de información al cerebro sobre la cantidad de grasa que tenemos y en consecuencia la implementación de mecanismos tendientes a disminuir o aumentar la misma en el cuerpo. Este artículo tratará de mostrar los tratamientos actuales para mantener el peso corporal dentro de parámetros normales y las perspectivas cercanas que se abarajan respecto de la leptina como hormona en el tratamiento de la obesidad y la manuntención del peso ideal.

EL PESO IDEAL

Muchas personas se involucran en dietas para descender de peso por un razón estética, sin embargo la razón par la cual tantas veces retornan a un peso casi fijo (si la nutrición es adecuada) es que el cuerpo posee un peso ideal, marcado por cuestiones genéticas que determinan secreciones hormonales, masa muscular, talla, y cantidad de grasa (además de otro tanto de parámetros). Este peso ideal es al que se retorna luego de mantener una dieta. Los nutricionistas tratan de llegar al mismo, guiados por tablas basadas en la talla, la superficie corporal y el peso, que da un índice bastante fidedigno denominado índice de masa corporal (IMC). Se obtiene dividiendo el peso por nuestra talla en metros al cuadrado. Los valores según la tabla de IMC son:

IMC= peso actual / (altura2)

La obesidad se considera una enfermedad ya que está asociada a la generación de factores de riesgo que van desde la hiperlipidemia (que lleva a la formación de placas de colesterol), a la resistencia a la insulina (que lleva a la diabetes), al desgaste prematuro de las superficies articulares y otras más. Según la clasificación del índice de masa corporal, se llama obesidad cuando este supera los 30 Kg/m2. No hay que confundir obesidad con un mero sobrepeso o con un peso ideal que no corresponde con la idea de belleza que llevamos dentro. El último punto lleva muchas veces a enfermedades muy graves tales como la bulimia y la anorexia.

LA NUTRICIÓN ADECUADA Y LA CONDUCTA ALIMENTARIA
Características debe poseer una dieta

Una dieta no necesariamente implica pasar hambre. Si se encuentra bien diseñada, esto no ocurre, se logra bajar de peso, y mantener un equilibrio de nutrientes y oligoelementos. También una dieta debe estar amoldada a la capacidad psíquica de una persona para que la misma no implique sufrimiento ni recaídas. Es importante tomar en cuenta el tipo de vida que lleva adelante la persona, si esta es sedentaria o si en cambio esta plagada de ejercicio físico, o si en el caso de una mujer está embarazada, o si el destinatario es un niño o una adolescente en crecimiento. Los gustos por los alimentos deben ser considerados.

Conducta alimentaria

Es muy importante aprender a comer y tener hábitos alimentarios adecuados. A esto se llama el respetar las cuatro comidas y las dos colaciones cada día, con un valor calórico total amoldado a cada persona. Toda conducta que se sostiene en el tiempo se transforma en un hábito, y esta es la manera de llagar a un peso equilibrado.

La pirámide alimentaria nos acerca el concepto de que es más importante la calidad sobre la cantidad de los alimentos. Se debe respetar los porcentajes de hidratos de carbono, proteínas y grasas en cada comida, y la sumatoria de la cantidad ingerida por día nos dará la cantidad de calorías totales, y en base a esto se planeará una dieta.

Un hábito a tomar en cuenta es el consumo de agua para favorecer la función renal. Para saber si se está ingiriendo una correcta cantidad de la misma es importante el color de la orina (que implica si está concentrada o no). Los colores claros significan buena ingesta de agua y los oscuros ingesta inadecuada.

La sal es un condimento que debe ser disminuido en una dieta equilibrada. Los alimentos en general aportan una cantidad de la misma adecuada, y muchas veces no es necesario agregarle más. Aprender a comer con poco sodio es crucial, y en muchos casos ayuda a controlar la presión arterial.

Ejercicio

El realizar deportes aeróbicos nos permite equilibrar el gasto calórico y también ejercitar y fortalecer los músculos y tendones, logrando elasticidad. Los deportes más recomendados son el nadar, caminar, o andar en bicicleta.

LEPTINA: UN TRATAMIENTO NO TAN LEJANO

Se ha descubierto ya hace unos pocos años una nueva hormona que secreta el tejido adiposo (células que almacenan la grasa corporal) y que se ocupa de informar al cerebro de la cantidad de grasa corporal y de esa manera actuar en consecuencia. Esta hormona es el blanco de la industria farmacéutica mundial para buscar una cura a la obesidad y tratar los problemas de sobrepeso. Es importante resaltar que un producto derivado de estas investigaciones no es producto de la ciencia ficción, ya que ensayos en humanos publicados en Julio de este año señalan que sería un buen agente para evitar la ganancia de peso luego de una dieta.
Cuando se libera mucha leptina se le está indicando al cerebro que los depósitos de grasa se encuentran colmados, y por ende se deberían tomar mediadas coma para bajarlos, tales como disminuir el apetito, aumentar el gasto calórico, liberar más hormona tiroidea, y varios mecanismos más. Lo que pasa es que en ciertas personas con obesidad alguno de los mecanismos falla, o incluso la señal hormonal no se puede transmitir. Esto puede llevar a la obesidad. En el obeso se encontró que existe un defecto en el receptor de la leptina en el cerebro y por ese motivo los transportadores de leptina se saturan y no pueden llevar la leptina al cerebro mandando una señal a nuestro cuerpo de exceso de leptina circulante y eso favorece aun más la obesidad. Se le ha llamado el síndrome de resistencia a la leptina.

Autor: Dr. Santiago Cortesi, médico
Fecha: 16/12/2005
Contacto: scortesi@gmail.com

Fuente: http://www.buenafuente.com/salud/lenota.asp?idnota=7745

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sábado, diciembre 24, 2005

MEJORAR LA VIDA SEXUAL

DIARIO CLARIN - SALUD - 19 de octubre 2005

Mejorar la vida sexual: otra razón para bajar de peso

En Estados Unidos, un grupo de investigadores descubrió que no hace falta tener un cuerpo perfecto para mejorar la vida sexual, pero que bajar el 10 por ciento del peso corporal ya implica grandes beneficios para la intimidad.

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Una pequeña pérdida de peso puede hacer maravillas con su vida sexual, sostienen algunos expertos. Entre ellos, el psicólogo Martin Binks de la Universidad de Duke, que presentó el lunes un estudio ante la Sociedad de Obesidad, mostrando que la pérdida de unos pocos kilos puede mejorar la vida sexual, ya que las personas se sienten mejor con sus cuerpos.

“Uno obtiene muchos de beneficios con una pérdida moderada de peso del 10 por ciento”, expresó Binks. “Es un mensaje maravilloso. No es necesario alcanzar un peso ideal para ser una persona saludable y feliz”.

Se trata de uno de los pocos estudios que examinan los problemas mentales y emocionales que puede causar la obesidad en la intimidad, no sólo los inconvenientes físicos como el desequilibrio hormonal o la impotencia. “No se han realizado muchas investigaciones en esta área”, manifestó la doctora Susan Yanovski, directora de investigaciones de obesidad en el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y de Riñón. Mejorar la vida sexual “podría ser otra buena razón para perder peso si usted es obeso”.

En el estudio participaron 161 mujeres y 26 hombres de un promedio de 45 años, con un índice de masa corporal promedio de 41. Las personas que tienen una marca de 30 o más en este indicador que tiene en cuenta la altura y el peso, son consideradas obesas.

Todas estaban inscriptas en un programa de dietas del Centro Médico del Condado Hennepin de Minneapolis, y habían perdido el 17,5 por ciento de su peso después de un año, y el 13 por ciento después de dos años (recuperaron algo del peso que habían perdido inicialmente). Respondieron preguntas sobre la calidad de su vida sexual cuando comenzó el estudio, y cada tres meses posteriormente. La mejora de actitud más llamativa apareció a los tres meses, cuando habían perdido el 12 por ciento de su peso inicial.

En un principio, el 68 por ciento de las mujeres dijo que no se sentía atractiva sexualmente. Un año después de la dieta, sólo el 26 por ciento pensaba así. Al comienzo, cerca de un 63 por ciento no quería que las vieran desnudas, pero sólo un 34 por ciento opinó igual un año después. Inicialmente, el 21 por ciento de las mujeres dijo que no disfrutaba de las relaciones sexuales, y sólo el 11 por ciento respondió así después de un año.

“La cantidad de hombres en el estudio limita lo que podemos decir sobre los hombres”, pero los sentimientos de poca atracción y la falta de deseo de que los vieran desnudos también se aplican a ellos, dijo Binks. Incluso cuando muchos de ellos querían tener relaciones sexuales, el exceso de peso hacía que fuera una experiencia traumática.

Fuente: AP - Diario Clarín
conexiones@claringlobal.com.ar
http://www.clarin.com/diario/2005/10/19/conexiones/t-01073580.htm

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sábado, diciembre 10, 2005

ANEMIA EN EL EMBARAZO

UN ESTUDIO REALIZADO ENTRE 2.097 MUJERES EN NUEVE HOSPITALES PUBLICOS

El 40% de las embarazadas llega al parto con anemia por falta de hierro. Un déficit que aumenta los riesgos de salud para las madres. Y sus bebés nacen con menos peso.

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Un estudio realizado en nueve hospitales públicos de diferentes provincias reveló que el 39,5% de las embarazadas llega al parto con anemia por falta de hierro, lo que implica riesgos para el bebé pero, sobre todo, para la propia madre. “Algo no se está cubriendo lo suficientemente bien”, señala la doctora María Gabriela Berta, directora de Planeamiento de la Fundación Argentina contra la Anemia.

Esta institución encaró la investigación con la Federación Argentina de Sociedades de Ginecología y Obstetricia (FASGO), entre octubre de 2004 y abril de 2005. Se recogieron datos de 2.097 embarazadas internadas para el parto en hospitales públicos de Tucumán, Catamarca, Corrientes, San Martín de los Andes, Mendoza, Córdoba, Capital y el Gran Buenos Aires. Sólo se excluyeron los embarazos múltiples.

Los resultados fueron preocupantes: el 39,5% de las mamás tenía 11 gramos o menos de hemoglobina por decilitro de sangre; es decir, estaban anémicas. En el 17,6% de los casos, esta proteína no llegaba a 10 g/dl. Y el 5,8% registraba valores inferiores a 9 g/dl, lo que significa una anemia grave. Fuera del embarazo, el valor límite es de 12 g/dl.

Se trata de anemia ferropénica: cuando el aporte nutricional de hierro es insuficiente, la médula no está en condiciones de producir el número adecuado de glóbulos rojos, o los que elabora carecen de la cantidad necesaria de hemoglobina. Esta proteína es la encargada de transportar el oxígeno a todo el cuerpo.

En el embarazo aumentan los requerimientos de hierro, que llegan a unos 1.000 miligramos: 300 para el feto y la placenta, 500 para la expansión de la masa eritrocitaria (el volumen total de glóbulos rojos), y 200 que se eliminan con materia fecal, orina y piel. “Hace falta un aporte diario de 6 a 7 miligramos por día, lo que excede las reservas de hierro del organismo”, apunta Leonardo Kwiatkowski, jefe de Ginecología y Obstetricia del Hospital Fiorito, de Avellaneda.

“A medida que avanza el embarazo, aumenta la capacidad de absorción de hierro por parte del intestino, que llega a triplicarse. Pero con la dieta sola no se llega a suplir las necesidades“, señala el presidente de FASGO, doctor Carlos Ortega Soler. Por esa razón, los obstetras prescriben un suplemento de hierro, que aumentan en caso de anemia. “No son medicamentos que se puedan administrar sin control médico”, advierte Berta.

Sin embargo, el estudio no mostró diferencias significativas entre quienes habían recibido este refuerzo y las que no lo tuvieron. Entre las mujeres con 11 o más g/dl, sólo el 37% había consumido hierro fuera de la dieta, mientras que entre las embarazadas anémicas, lo había usado el 40%.

Ortega Soler plantea explicaciones posibles: “”No sabemos si tenían reservas de hierro cuando comenzaron la gestación. Las mujeres van tarde a la primera consulta, y el suplemento no alcanza a cubrir el faltante al momento del parto. Tampoco siguen bien el tratamiento: se necesita más de tres meses de tratamiento firme para corregir una anemia moderada”.

Los datos mostraron además una tendencia preocupante: a mayor déficit de hierro, menor peso del recién nacido. Mientras los bebés de las mamás no anémicas nacieron con un promedio de 3,257 kilos, los chiquitos de mamás con anemia severa pesaron en promedio 3,093 kilos.

La anemia tiene que ser muy grave —menos de 6 g/dl— para que afecte seriamente al bebé, “porque la madre le pasa todas sus reservas”, indica Ortega Soler. Las consecuencias más serias las tiene la mujer: restricción del crecimiento fetal, aumento del riesgo de prematurez, prolongación del período expulsivo, por disminución de la fuerza muscular —lo que puede implicar complicaciones en el parto— y, en anemias severas, aumento del riesgo de mortalidad posparto.

Por otra parte, la mujer pierde al menos 500 mililitros de sangre durante el parto, lo que eleva el déficit de hierro. Otra pérdida de hierro, aunque menor, se registra cuando amamanta. Por esa causa, la doctora Berta insiste en “cuidar la salud de la madre después del parto”: la anemia produce cansancio y apatía, lo que dificulta el cuidado de un bebé que demanda mucha atención.

Sibila Camps scamps@clarin.com

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Prevención

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que la mitad de las 2.000 millones de personas anémicas que hay en el mundo sufre de falta de hierro por déficit nutricional. La entidad señala que, para combatir la anemia (”indicador de una pobre nutrición y una mala salud”) hace falta un enfoque integral. Esto significa que una mala alimentación no se compensa con pastillas e inyecciones de suplementos de hierro. Resulta imprescindible que las mujeres comiencen el embarazo con reservas suficientes de hierro y que se realicen todos los controles periódicamente. Y eso se llama medicina preventiva.

Claudia Amigo camigo@clarin.com

Fuente: Diario Clarín
http://www.clarin.com/diario/2005/12/02/sociedad/s-04201.htm

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